La arquitectura no es simplemente levantar paredes o poner columnas por necesidad; daba haber un pensamiento previo es la diferencia entre un objeto frío que solo sirve para algo y una obra que te transmite sentido.
Por un lado está el rigor, Le Corbusier planteando sus pilares o la búsqueda de la simetría perfecta. Ese orden pensado de antemano busca una lógica limpia, pero si te pasas de rígido, terminas con una caja funcional sin alma, sin propósito según mi opinión.
Por otro lado, como se asoma brevemente en las construcciones tradicionales de Baraka, resolver sobre la marcha o salirse de la simetría no es un error. A veces lo imperfecto, lo desordenado o lo hecho por necesidad intuitiva tiene más fuerza estética y más identidad que un plano perfecto. No digo que siempre, es más casi nunca pero cuando sale lo perfecto del error es mágico.
Al final, como plantea Octavio Paz en la lectura del curso, la arquitectura existe en ese choque entre lo útil y el placer visual. Da igual si lo planeaste al milímetro o si lo resolviste en el sitio: si el espacio no se deja interpretar y no te frena a pensar, es solo construcción, no arquitectura.






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